Purines, un problema con fácil solución


La actividad ganadera, como cualquier actividad humana, tiene una repercusión sobre el medio ambiente pudiendo alterar la calidad del aire, del suelo y del agua, generar gases de efecto invernadero, (GEI), o emitir polvo y olores. Cada día se hace más necesario conocer los impactos que provoca la actividad ganadera sobre el medio ambiente, así como cuáles son las herramientas o las Mejores Técnicas Disponibles (MTD) que están a disposición de este colectivo para evitar, o cuando ello no sea posible, disminuir el impacto ambiental de sus explotaciones. Dichas medidas son las reconocidas y probadas como eficaces por los distintos organismos internacionales.
En España el sector porcino tiene una importancia clave en la economía ya que supone en torno al 14% de la Producción Final Agraria. Dentro de las producciones ganaderas, el sector porcino ocupa el primer lugar en cuanto a su importancia económica alcanzando cerca del 39% de la Producción Final Ganadera.
Pero, ¿Cómo hacer que el crecimiento del sector porcino se haga de una manera más sostenible? Y yendo un paso más allá, ¿cómo conseguir que los purines, su principal escollo, pasen a ser realmente un subproducto valorizable en el mercado?


¿A qué nos referimos cuando hablamos de purines de cerdo?


Para las personas legas en la materia y ajenas al ámbito de la ganadería, esta palabra suele generar algunas dudas: ¿Se trata de las heces de los animales? ¿De otro tipo de residuos?…
Los purines de cerdo son un subproducto resultante de la mezcla de heces, orines, restos de comida, paja, agua de lavado, etc., que generan las granjas porcinas.
La mayor parte de su composición es agua, pero también contienen:
Entre 50 y 75% de materia orgánica sobre materia seca.
2-4 g/kg de nitrógeno total.
0,7-1 g/kg de fósforo.
0,2-0,3 g/kg de magnesio.
0,9-1,4 g/kg de potasio.
Azufre, calcio y magnesio, que actúan como macronutrientes.
Hierro, boro, níquel, manganeso, molibdeno, zinc y cobre, entre los principales micronutrientes.


Un fertilizante natural


Por su composición, los purines han sido empleados habitualmente en la agricultura tradicional como fertilizante natural.
Los purines tienen efectos positivos sobre el suelo y los cultivos agrícolas por ser generadores de humus y de su mineralización. Existen numerosos estudios que demuestran que su eficiencia es similar a la del nitrógeno mineral, permitiendo reducir el uso de importantes cantidades de fertilizantes minerales.
Problemática medioambiental de los purines
Sin embargo, un uso y gestión incorrecto de los purines puede acarrear consecuencias medioambientales a distintos niveles:
Sobre el suelo: aporte excesivo de nitrógeno, fósforo y potasio. Se produce su salinización y también pueden darse una bioacumulación de metales (cobre y cinc).
Sobre la atmósfera: se generan emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) como el metano y el óxido nitroso, y otros nocivos para la salud animal y humana, como el amoniaco. Al mismo tiempo, se producen malos olores causados por estos mismos compuestos.
Sobre las aguas superficiales y subterráneas: filtración de los compuestos nitrogenados hasta las aguas subterráneas, y la eutrofización de ecosistemas acuáticos por enriquecimiento excesivo de nutrientes. Las aguas afectadas por exceso de nitratos dejan de ser potables.
Toda esta problemática ambiental es lo que ha motivado establecer una regulación y normativas desde los distintos niveles de la administración.
¿Qué normativa regula los purines?
El Real Decreto 1051/2022 regula la gestión de los purines y promueve prácticas más sostenibles en el sector ganadero español.
Las comunidades autónomas pueden establecer plazos máximos para el enterrado de purines.

¿Qué se prohíbe?


Las restricciones actuales de la normativa vigente impiden actuaciones que antes se venían realizando con total normalidad, como el esparcimiento de los purines sobre los terrenos mediante los sistemas de plato o abanico.
Además, considera al titular de una explotación ganadera responsable del tratamiento adecuado de los residuos acorde a la legislación, así como de tomar las medidas favorables al medioambiente que sean necesarias. Aquellos que no cumplan la normativa se enfrentan a sanciones que podrían llegar a suponer la pérdida total de las ayudas de la Política Agraria Comunitaria, (PAC).


Estrategias para una correcta gestión


Cada día se hace más necesario planificar estrategias que permitan minimizar la producción de los purines y gestionarlos correctamente. Estas estrategias deben incluir:
La caracterización de los purines de la explotación ganadera: Será necesario caracterizar el purín de forma cuantitativa y cualitativa. Esto permite detectar posibles problemas estructurales de las instalaciones o del manejo, y conocer la capacidad fertilizante real del purín.

Medidas de reducción en origen y de caudales: La reducción del volumen de purines requiere de mejoras tecnológicas en el sistema de manejo de los mismos (bebederos, sistemas de limpieza, recogida de aguas, ventilación, etc.).
Disponer de un sistema de almacenaje correcto: Los sistemas de almacenaje para purines deben garantizar una total estanqueidad. Así se evitarán los problemas de derrames, fracturas o infiltraciones. Deben tener una capacidad adecuada que permita el almacenamiento durante el periodo de tiempo que no es posible aplicar el purín en el cultivo (4-6 meses).

Plan de aplicación a suelos y cultivos: El plan de fertilización se ha de confeccionar a partir del conocimiento de los suelos, de los requerimientos de los cultivos, tanto dosis como estacionalidad, y de las características climatológicas e hidrológicas.

Estrategias de tratamiento a aplicar: Establecer la combinación de procesos adecuados con el objetivo de modificar las características de los purines para su adecuación a la demanda como producto de calidad. Los tipos de tratamiento pueden ser:

Tratamiento físico: separación mecánica sólido-líquido por tamizaje. La parte sólida se somete a una estabilización durante su fase de almacenamiento y de la parte líquida se deben eliminar los lodos mediante sedimentación.

Tratamientos biológicos: mediante procesos de digestión aerobia (en presencia de oxígeno) para producir el compost, o procesos de digestión anaerobia (sin oxígeno) realizada en biodigestores para producir biogás. Este tipo de tratamiento permite la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, GEI, así como el aprovechamiento energético de los purines y mejorar el valor fertilizante de los subproductos derivados.

El aprovechamiento de los purines de cerdo se perfila como un aliado del sector porcino para el cuidado de los suelos, la generación y el aprovechamiento de energía de manera sostenible gracias a la innovación.

Plantas de biogás, la solución de los problemas medioambientales presentes y futuros


Hacer frente a la correcta gestión de los purines, cumpliendo con la normativa actual supone todo un reto para el sector ganadero. Los procesos que se deben seguir para el correcto tratamiento de estos residuos suponen un aumento en los costes de su gestión.
En este sentido, la decisión de optar por el tratamiento de los mismos en las plantas de biogás se afianza como una solución que ya funciona con éxito desde hace décadas en países como Alemania, Dinamarca, Suiza, Francia, Italia, China, Canadá, India…
Con la generación de biogás se reduce notablemente el impacto ambiental de las explotaciones agropecuarias sobre la zona en que están implantadas. Al tiempo que permite el aprovechamiento de los purines para generar energía eléctrica y térmica.
La promoción e implantación de plantas de biogás produce beneficios ambientales, sociales y económicos.