1. Introducción: del racionalismo ilustrado a la emoción romántica
El tránsito del siglo XVIII al XIX no fue únicamente un cambio de calendario, sino una transformación profunda en la manera de entender el mundo. La Ilustración había exaltado la razón, la ciencia y el progreso como motores de la civilización. Pero a partir de la Revolución Francesa y de las convulsiones políticas y sociales que le siguieron, surgió un nuevo movimiento cultural que transformó Europa: el Romanticismo.
Este movimiento —que impregnó la literatura, la política, el arte y la filosofía— se centró en la emoción, la naturaleza, la historia nacional, lo popular y lo irracional. Se revalorizó el pasado medieval, lo autóctono, lo misterioso y lo individual.
En este contexto, el cerdo, lejos de desaparecer como protagonista rural, adquirió nuevos matices. Continuó siendo un eje de la economía campesina, pero también se convirtió en símbolo de la vida tradicional, de las costumbres ancestrales y de una España profunda que muchos románticos idealizaron.

2. Contexto histórico del Romanticismo: guerras, identidad y nación
2.1. La Guerra de la Independencia y sus secuelas
España entró en el siglo XIX marcada por la invasión napoleónica (1808) y la subsiguiente Guerra de la Independencia (1808–1814). El conflicto devastó el campo, destruyó cosechas, arruinó aldeas y alteró profundamente el mundo rural.
El cerdo, como elemento básico de subsistencia, fue esencial para la supervivencia de muchas comunidades. Durante la guerra, las matanzas fueron interrumpidas, los rebaños fueron requisados por ejércitos y las dehesas quedaron abandonadas.
2.2. El despertar del sentimiento nacional
El Romanticismo trajo consigo un redescubrimiento del alma del pueblo. Escritores, pintores y viajeros exaltaron las costumbres populares como esencia de la identidad nacional. En este clima, la figura del cerdo, y especialmente la de la matanza, comenzó a ser vista como una tradición “auténtica”, símbolo del mundo rural castizo y eterno.

3. El cerdo como sustento en tiempos de guerra y crisis
3.1. El cerdo como reserva alimentaria
Durante el primer tercio del siglo XIX, España sufrió múltiples crisis: guerras carlistas, hambrunas, crisis agrarias y epidemias. En este escenario, el cerdo siguió cumpliendo una función esencial: garantizar la subsistencia básica de millones de campesinos.
La carne curada, los embutidos, el tocino y la manteca eran alimentos de larga duración, ideales para sobrevivir en tiempos de inestabilidad. Incluso en contextos bélicos, muchos soldados y guerrilleros portaban trozos de panceta o chorizo como ración de marcha.
3.2. Desamortización y cambios en la ganadería
Las desamortizaciones de bienes eclesiásticos y comunales (especialmente la de Mendizábal en 1836) cambiaron radicalmente el paisaje agrario. Muchos campesinos perdieron el acceso a los montes comunales donde criaban sus cerdos. Esto provocó una mayor concentración de tierras y un cambio en las formas de ganadería, con más explotación privada y menos cría libre.
El cerdo dejó de ser tan visible en los espacios públicos y se concentró en propiedades privadas o en granjas familiares con menos acceso al campo abierto.
4. El cerdo y el Romanticismo literario
4.1. Tradiciones populares y literatura costumbrista
Los escritores románticos valoraban profundamente las tradiciones populares, y muchas de ellas giraban en torno al cerdo. La matanza fue tema recurrente en descripciones costumbristas, escenas de aldea y cuentos de transmisión oral.
Autores como Fernán Caballero (seudónimo de Cecilia Böhl de Faber) o Serafín Estébanez Calderón recogieron escenas rurales donde el cerdo y sus rituales estaban presentes, exaltando la sencillez de la vida campesina frente al mundo urbano y corrupto.

4.2. El cerdo como símbolo ambivalente
Aunque el cerdo era símbolo de abundancia y tradición, también aparecía en la literatura con connotaciones negativas: asociado a la glotonería, la torpeza o lo vulgar. Esta dualidad —entre lo entrañable y lo grotesco— reflejaba bien el espíritu romántico, que gustaba de contrastes, excesos y emociones contradictorias.
5. La matanza del cerdo: ritual romántico
5.1. Un rito idealizado
Durante el Romanticismo, la matanza del cerdo comenzó a ser retratada como una fiesta tradicional cargada de color local y valor simbólico. Más que una necesidad económica, pasó a verse como un acto de identidad cultural.
La literatura, la pintura costumbrista e incluso las primeras crónicas periodísticas recogían la matanza como un espectáculo folclórico lleno de detalles: los cantos, los rezos, la participación de mujeres, el festín posterior.
5.2. Un rito en peligro
Paradójicamente, a medida que los ilustrados del siglo anterior habían querido modernizar la matanza para hacerla más higiénica y racional, los románticos la defendieron como tradición viva. La llegada de leyes sanitarias, nuevas técnicas de conservación o ideas higienistas fue vista por algunos como una amenaza a las costumbres ancestrales.
El cerdo, en ese sentido, se convirtió en un símbolo de resistencia cultural frente a la modernidad urbana.

6. Representaciones artísticas del cerdo en el siglo XIX
6.1. Pintura costumbrista
El auge del costumbrismo pictórico en el siglo XIX llevó al lienzo muchas escenas de la vida rural española. Pintores como Joaquín Domínguez Bécquer o Genaro Pérez Villaamil representaron escenas de aldeas donde el cerdo, la matanza o los mercados de animales aparecían como parte del “paisaje humano” del campo.
Estas obras buscaban documentar las tradiciones “antes de que desaparecieran” y ayudaron a fijar en el imaginario colectivo la imagen del cerdo como parte inseparable de la España rural.
6.2. Grabados y prensa ilustrada
Con la expansión de la prensa ilustrada, se publicaron grabados de matanzas, ferias ganaderas y escenas domésticas con cerdos. Estas imágenes, muchas veces acompañadas de textos humorísticos o costumbristas, difundieron una imagen popular del cerdo que combinaba lo entrañable con lo pintoresco.
7. Ganadería porcina y ciencia romántica
7.1. Veterinaria y medicina rural
La ciencia veterinaria, que había iniciado su desarrollo en la Ilustración, se consolidó durante el siglo XIX. Las escuelas de veterinaria se expandieron, y con ellas el conocimiento sobre enfermedades del cerdo, alimentación y reproducción.
En pleno Romanticismo, coexistían prácticas tradicionales (curanderos, remedios caseros, supersticiones) con una medicina veterinaria más estructurada, muchas veces impulsada desde el Estado o las universidades.
7.2. Primeras ferias ganaderas organizadas
Durante el siglo XIX, comenzaron a organizarse ferias ganaderas modernas donde se premiaban las mejores razas, se comerciaba con animales y se promovían avances técnicos. El cerdo tenía un lugar importante en estos certámenes, y comenzaron a aparecer clasificaciones más rigurosas por raza, peso y productividad.
Estas ferias fueron también puntos de encuentro entre el saber tradicional y el nuevo conocimiento científico.
8. El cerdo en la alimentación y en la cocina del siglo XIX
8.1. Persistencia de la dieta tradicional
A pesar de los cambios políticos, las hambrunas y las reformas económicas, la carne de cerdo siguió siendo esencial en la dieta de la población rural y urbana.
Los embutidos seguían siendo el modo más común de consumir cerdo, especialmente en regiones como Castilla, Aragón, Galicia o Andalucía. El tocino seguía siendo el ingrediente básico de muchos guisos.
8.2. El cerdo en los recetarios y en la literatura culinaria
Durante el siglo XIX se publicaron numerosos recetarios, como los de Mariano Muñoz o Ángel Muro, donde el cerdo ocupa un lugar destacado. Platos como el lomo embuchado, el jamón curado, el cocido con oreja o la morcilla de arroz se fijaron como elementos identitarios de la cocina española.
La gastronomía romántica exaltó los sabores tradicionales, frente a la cocina afrancesada de las élites ilustradas.
9. El cerdo como símbolo cultural: entre lo local y lo nacional
9.1. Identidad regional
Cada región española desarrolló en esta época una relación particular con el cerdo, muchas veces cargada de simbolismo. En Galicia, la matanza era ocasión de fiesta y resistencia económica; en Extremadura, el cerdo ibérico era orgullo y signo de calidad; en Castilla, símbolo de autosuficiencia.
El Romanticismo impulsó una mirada más regionalista, y el cerdo fue parte de esa identidad local en construcción.
9.2. Nación y tradición
En el contexto de las guerras carlistas y la construcción del Estado liberal, el Romanticismo español buscó en las costumbres populares una idea de nación. En este marco, el cerdo fue símbolo de España profunda, de lo auténtico frente a lo impuesto, de lo rural frente a lo urbano, del alma del pueblo frente al frío racionalismo liberal.
10. Conclusión: el cerdo romántico, entre la nostalgia y la supervivencia
El Romanticismo transformó la percepción del cerdo sin cambiar su función económica básica. Fue, al mismo tiempo, fuente de alimentos, objeto artístico, símbolo nacional y presencia entrañable en el imaginario colectivo.
Mientras la modernidad avanzaba con su lógica urbana e industrial, el cerdo permanecía en las casas, en los pueblos, en los poemas, en las pinturas. Su figura sintetizaba una forma de vida que muchos sentían que se desvanecía, y que el Romanticismo trató de capturar con emoción y melancolía.
El cerdo, símbolo de lo cotidiano, se convirtió en figura de la memoria emocional de un pueblo que buscaba su alma en los fogones, en los campos, en las tradiciones. Y en esa búsqueda romántica, el animal más humilde volvió a ocupar un lugar central.
Bibliografía
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- García Hourcade, J. (1999). Historia de la veterinaria en España. Universidad de Córdoba.
- López García, J. (2010). Refranero del cerdo y su mundo. Ediciones Cinca.
- Muro, A. (1890). El practicón. Tratado completo de cocina. Madrid.
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