Biogás, mitos y desinformación


La reducción de emisiones contaminantes es un anhelo que comparte todo el planeta. Hace años que se investiga y trabaja arduamente en todo tipo de soluciones que ayudan a reducir los gases de efecto invernadero que se concentran en la atmósfera.
Las políticas europeas vuelcan sus esfuerzos en conseguir una Transición Energética sostenible para alcanzar la neutralidad energética climática en el 2050. Desde Bruselas se afanan en la descarbonización de nuestro sistema productivo y en potenciar la transición a una Economía Circular. Atendiendo a estas premisas, el Biogás desempeña un papel clave.
El despliegue de las Plantas de Biogás en España contribuye a lograr los retos de estas políticas, así como los objetivos planteados en políticas transversales de nuestro Gobierno, tales como el desarrollo de la Circularidad o Producción de Circuito Cerrado, el Reto Demográfico y la Transición Energética Justa e Inclusiva, presentando sinergias muy relevantes entre todas ellas.
A pesar de los numerosos beneficios que el biogás puede ofrecer, su implementación en áreas rurales enfrenta varios desafíos y está rodeada de mitos y percepciones inexactas y erróneas que pueden dificultar su adopción y desarrollo.
Una impresión bastante común y desacertada es que las plantas de biogás generan malos olores. Lo cierto y verdad es que con una gestión adecuada y tecnologías innovadoras en el control de olores, estas emisiones pueden ser nímias e insignificantes, haciendo que las plantas operen sin causar molestia alguna a las comunidades vecinas.


Trascendencia e importancia de las emisiones odoríferas
Las plantas de biogás permiten la conversión de los residuos orgánicos en energía renovable, reduciendo la dependencia de combustibles fósiles y contribuyendo a una gestión más sostenible de los desechos.
El control eficaz de estos problemas no sólo mejora la relación con las comunidades vecinas, sino que también contribuye a la eficiencia operativa y a la mitigación del impacto ambiental. Por ello, la implementación de soluciones tecnológicas adecuadas y el cumplimiento de la normativa vigente son clave para asegurar que las plantas de biogás operen de manera responsable y sostenible.

Normativas aplicables y métodos de análisis
Actualmente, la norma europea que permite la medida objetiva de la concentración y la velocidad de flujo de olor emitido desde fuentes puntuales y superficiales es la EN 13725 sobre Calidad del aire. Esta norma ha permitido consolidar los métodos de cuantificación de emisiones odoríferas desde el punto de vista técnico.
A nivel estatal, la legislación relacionada con la calidad del aire y la protección de la atmósfera (Ley 34/2007) permite que se soliciten estudios específicos sobre la emisión y dispersión de olores cuando se identifiquen molestias.
Además, el Real Decreto 815/2013 y el Real Decreto Legislativo 1/2016 proporcionan un marco normativo que legisla las autorizaciones ambientales integradas de actividades industriales, donde se incluye la posibilidad de regular y controlar las actividades que puedan generar impacto por la emisión de olores. De hecho, comienza a ser habitual encontrar límites de emisión odorífera en algunas autorizaciones ambientales y se han publicado algunas Mejores Técnicas Disponibles (MTD) que incluyen un plan de gestión de olores como parte del sistema de gestión ambiental de la instalación.
En cuanto a los métodos de análisis, la técnica reconocida a escala internacional para la medición de olores es la olfatometría dinámica.
Esta técnica se basa en la evaluación de la concentración de olores por parte de un panel de personas entrenadas. Este procedimiento estandarizado permite cuantificar la intensidad de los olores en unidades de olor europeo (ouE/m³), y es fundamental para establecer si las emisiones están dentro de los límites permitidos por las normativas, como la norma EN 13725.
Además de la medición directa, se emplean modelos matemáticos que simulan cómo los olores se dispersan en el entorno en función de factores como la velocidad y dirección del viento, la topografía y las condiciones meteorológicas.
Estos modelos predictivos de dispersión de olores son esenciales para planificar las medidas de control y prever el impacto en comunidades cercanas antes de la construcción de las plantas de biogás.
Además, está la caracterización química de las emisiones odoríferas, que permite identificar y cuantificar los compuestos volátiles específicos responsables del mal olor, como el sulfuro de hidrógeno o los compuestos orgánicos volátiles (COV).
Esta técnica es complementaria a la olfatometría, ya que ofrece un análisis más detallado de los componentes individuales que contribuyen al mal olor.
Finalmente, las narices electrónicas han ganado popularidad como herramienta tecnológica avanzada. Estos dispositivos, que imitan el sistema olfativo humano, pueden detectar cambios en la calidad del aire en tiempo real, proporcionando un monitoreo continuo y preciso de las emisiones de olores. Estas herramientas son particularmente útiles para identificar picos de olor y tomar medidas correctivas rápidamente.


Reducido impacto ambiental
La gestión de olores y emisiones en las plantas de biogás es esencial para reducir su impacto ambiental y mejorar su aceptación social. Entre los puntos clave que hay que tener en cuenta están:
La optimización del diseño de las instalaciones para reducir la emisión de gases mediante la implementación de sistemas de ventilación específicos sobre los puntos focalizados de emisión, así como prestar especial atención en las emisiones de gases en la línea de producción de biogás, implementando tecnologías de pretratamiento y enriquecimiento del mismo.
Instalación de cubiertas en los tanques y sistemas de contención de los digestatos para reducir el impacto que se genera en las inmediaciones de la planta de biogás.
Instalación de biofiltros avanzado. Esta es la tecnología de desodorización de referencia para la eliminación de olores en las plantas de biogás procedentes de la descomposición de la materia orgánica.
Realización de estudios predictivos de dispersión de olores que anticipan el comportamiento de los gases en el entorno.
La atención a estos puntos clave de la gestión de olores y emisiones permite no sólo mejorar la calidad del aire, sino también mantener la sostenibilidad operativa y la aceptación social de las plantas de biogás.


Estudios predictivos
La realización de estudios predictivos de dispersión de olores es uno de los aspectos más importantes en la gestión de olores en las plantas de biogás.
Estos estudios permiten evaluar el comportamiento de los olores en el aire y su impacto en las áreas circundantes, teniendo en cuenta factores meteorológicos como la dirección y velocidad del viento.
La modelización de dispersión de olores permite visualizar cómo se distribuirán los olores a lo largo del tiempo y espacio, lo que facilita la planificación de medidas de control efectivas.
Estos estudios son particularmente útiles durante las fases de diseño de nuevas instalaciones o para evaluar la eficacia de las medidas de mitigación en plantas ya operativas.
Los estudios predictivos, además de evitar posibles molestias para las comunidades cercanas, permiten a las plantas de biogás cumplir con las normativas y optimizar su funcionamiento. Además, estas herramientas facilitan la toma de decisiones informadas sobre la ubicación de las instalaciones y la implementación de tecnologías de control de emisiones, garantizando una gestión ambientalmente responsable.


Experiencias internacionales con resultados positivos

Lemvig, Dinamarca: Modelo de eficiencia y control de olores
La planta de biogás de Lemvig, en Dinamarca, es una de las mayores instalaciones de biogás en Europa, operando desde 1992. Esta planta procesa estiércol de ganado y residuos agrícolas para generar energía renovable y calor. Aunque inicialmente hubo quejas sobre los olores generados durante los primeros años de funcionamiento, se implementaron sistemas avanzados de biofiltración y manejo de estiércol que lograron eliminar las molestias. Actualmente, Lemvig es considerada un modelo exitoso en cuanto a la reducción de olores y emisiones, gracias a la utilización de tecnologías de control que mantienen los impactos ambientales a niveles mínimos.


Falkenhagen, Alemania: Tecnología de biogás para reducción de olores
Ubicada en Alemania, la planta de Falkenhagen ha operado desde 2005 con un sistema avanzado de biofiltros y digestión anaeróbica cerrada, que procesa residuos orgánicos y estiércol. Gracias al diseño hermético y la instalación de filtros biológicos, los olores han sido prácticamente eliminados en las áreas circundantes. Los residentes locales no reportan quejas sobre los olores, lo que demuestra la efectividad de los sistemas de control implementados.


Uplands, Suecia: Innovación y éxito en la gestión de olores
La planta de biogás de Uplands, en Suecia, es otro ejemplo de éxito internacional. Desde su inicio en 2008, esta planta ha utilizado residuos orgánicos de la agricultura, el sector alimentario y la industria forestal para producir biometano. Gracias a los sistemas avanzados de biofiltración y al monitoreo continuo, los olores se han controlado de manera efectiva, sin afectar a las zonas residenciales cercanas. Además, esta planta ha logrado una significativa reducción de gases de efecto invernadero, contribuyendo a una mejor calidad del aire y a la producción de energía renovable.


Bad Kissingen, Alemania: Integración de energía renovable y control de olores
En Bad Kissingen, Alemania, la planta de biogás funciona desde 2003, utilizando una mezcla de residuos agrícolas y restos de alimentos. La planta ha invertido en tecnologías de biofiltración y sistemas de encapsulamiento cerrados para impedir la dispersión de olores. Estas medidas han garantizado que no se generen molestias para los residentes cercanos, demostrando la eficacia de su gestión de olores junto con la producción de energía renovable.


Skærbæk, Dinamarca: Biogás sin impacto en la comunidad
La planta de Skærbæk, en Dinamarca, es otro ejemplo de éxito en la gestión de biogás. Esta instalación, que procesa residuos agrícolas y estiércol de ganado para producir biometano, ha sido reconocida por su eficiente control de olores. La planta utiliza tecnología avanzada de digestión anaeróbica y biofiltros que prácticamente eliminan cualquier emisión de olores al aire libre. La comunidad local ha elogiado su bajo impacto ambiental y su capacidad para producir energía renovable de manera sostenible.


El auge de las plantas de biogás en el viejo continente
La Unión Europea ha establecido objetivos ambiciosos en materia de energías renovables, impulsando el uso del biogás como una fuente alternativa que contribuye a la independencia energética y a la reducción de residuos orgánicos en vertederos.
En los últimos años, Europa ha experimentado un crecimiento significativo en la implantación de plantas de biogás, con países como Alemania, Francia e Italia liderando su desarrollo. Actualmente, existen miles de instalaciones operativas en todo el continente, con una capacidad en aumento gracias a la inversión en nuevas tecnologías y procesos de optimización.